. . . Que se multipliquen por mil todos aquellos momentos que nos hacen sentir bien...




sábado, 26 de marzo de 2011

Adry Fiesta De La Primavera


Tengo un amigo que a veces, se traía magdalenas en los bolsillos de su cazadora a los botellones, en este caso a una de las fiesta de la primavera en Sevilla. Como de costumbre, íbamos a pedir hielo a otros grupos, pero no siempre poníamos buenas caras como agradecimientos. A veces coincidíamos con alguna que otra historia del pasado, pero no era ningún problema,ya que la mayoría de las veces eramos nosotros los que pegábamos el carpetazo. 

Para él a veces andar por la calle era la oportunidad de representar una cofradía. Durante todo el día estuvo diciendo que la cazadora que yo llevaba era el manto de la soledad.

Uno de los momentos mas emotivos del día fue cuando escuchamos a una persona en medio de la calle tocar un violín. Y como si de un turno de preguntas de una excursión de alumnos se tratara preguntamos... ¿y que hace una persona como usted aquí? Justo en ese momento pasaba un señor con un maletín muy pensativo y melancólico como si se hubiera quedado en la ruina. 

El día se presentó bastante largo. Recorrimos todas las calles del centro de Sevilla y cruzamos todas las veces que hizo falta los botellones. En algunas ocasiones, nos acoplábamos a algún que otro grupo conocido o no conocido. Aunque.. no nos beneficiara en algunas ocasiones.  Después de intentar varias veces de entrar en la discoteca y de rechazarnos por culpa de algun que otro integrante, el grupo decidió finalizar la jornada... pero fué ahí cuando tuvimos que hacer nuestro gran papel del día. Justo después de la despedida y de decir que nos íbamos para casa... cambiamos de dirección justo en la esquina y entramos en la discoteca. 

La disco era bastante pequeña pero lo pasábamos bien. Juraría que irían siempre las mismas personas. Nosotros eramos nuevos... y bueno.. que decir.No nos falto de nada. 

El chaval que cogía el 28 nos hizo muy buena compañía durante el recorrido hacia casa. Fue de gran alivio, ya que durante el recorrido siempre te toca la típica persona que quiere algo y te persigue. Normalmente para hacer una llamada a alguien por toda la cara. 






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